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El amor huele…..

Qué curioso, cómo, con tan sólo un cambio de una palabra, el significado puede ser tan alejado. Digo que el amor huele porque los hombres también sentimos esa parte del amor, la de oler las ausencias. Hay olores que no se irán nunca, hay sensaciones que serán incapaces de desaparecer, porque allá donde el recuerdo no continúe, lo hará la idealización. Nos rodeamos de personas que nos hacen vibrar, que nos hacen sentirnos vivos y que hacen, que más allá de ellos, todo cobre sentido. Te huelo sin tenerte, te susurro al oído, aixxx cómo tiemblas, tu escalofrío es mi palpitación y mi palpitación, mi vida que eres tú.

El amor huele

Nunca pensé en valorar tanto el tacto como lo hago ahora. Ahora que lejos estás, mucho más lejos que en las antípodas físicas, te sitúas ahora en las emocionales. Me siento como un explorador que ha conocido el último lugar por descubrir y al llegar a él , después de tan largo viaje que se inició mucho antes de haber comenzado, un viaje que condiciona el resto después del próximo paso. El final que nunca empieza, y sólo ves principios. Qué bueno es eso de sólo ver comienzos, ¿sabes lo que es eso?

Huelo tu piel, toco tu aliento, devoro tu boca, y todo sin verte, tan sólo con la producción que organiza mi enemigo corazón, que te ha atrapado como si fueras su última habitante, no la última en haberlo ocupado, sino en la última que lo va ocupar. Se trata de un traidor que viaja conmigo, pero que está contigo. Un compañero de viaje que a cada movimiento me recuerda tu presencia.

¿ El amor no es algo así como dos hilos invisibles pero existentes, infinitos, imposibles de romper por tiempo que pase?  Unos fuertes lazos, situados  a cada lado, los aguantan, los sostienen. Me sostienen a ti,

Pensando en ti, me viene tu olor, tu boquita entre abierta al dormir, tus temblores de frío buscando mi calor, tu voz, uff tu voz…esa fue la causante del principio de todo, y es justo ahora lo que más se me niega, tu voz, que tanto significado tiene.

Esto, por si alguien sigue leyendo a estas alturas, no es poesía, no es una carta de amor, es una carta de desaliento, de arrogancia emocional, de vómito visceral desde lo más hondo de mi interior. No busco clemencia, quizá ya ni explicaciones, no buco nada, como sólo hacen los que han perdido un tesoro, su tesoro.

Nadie nos enseñó a merecer, pero tampoco a perder, porque el que quiere así, no puede entender el verbo perder.

El amor huele y duele, pero para doler primero tiene que oler, tiene que enternecer, estremecer, dedicar, hacer soñar con miradas, sonrisas que abren mentes y horizontes.  Nunca un bonito atardecer duró tantos días, pero yo sigo siendo de esos, de los que creen en atardeceres eternos que sólo se acaban si comienza un bonito amanecer.

Nunca antes un beso tuvo tanto sabor, ni una cita tanto futuro, ni una lágrima tanta justificación. Nunca hubo antes como el que se siente ahora, ni una ahora que dure tanto queriendo que dure tan poco. Echar de menos así debería estar prohibido por ley moral.

El amor huele a ti,

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