Compañeros de Piso II

Retomamos la segunda parte de la historia de unos compañeros de piso juguetones. Recordad que es verídica, como las mejores historias.  Se trata de la continuación de una noche gélida que pasó a ser muy pero que muy cálida. Para los que se hayan perdido la primera parte aquí os la dejo.

Compañeros de Piso con sexo íntimo, propio, situaciones irregulares en ambientes particulares.

Contra el frío compartir cama compañeros de piso
compañeros de piso. Frío, cama, compartir

No podía  apartar la vista de su piel, de su cuerpo, de sus manos dibujando un recorrido por su anatomía más íntima. La vergüenza desapareció con la excitación de ser descubierto.

A ella parecía no importarle que yo estuviera observando a pocos metros, al contrario, sus gemidos parecían más acelerados, más intensos, mas motivados con mi presencia. Intuí un gesto con el que me invitaba a pasar, o quizá quise que así fuera. Pasé al interior de su habitación. Era el cuarto más pequeño pero el más luminoso de la casa, contaba con un gran ventanal a la calle principal que hacía evidente todo desenlace que pudiera producirse.  Me interpuse sin querer entre mi compañera de piso y la televisión donde la orgía desmedida había dado paso un más discreto trío.

Desde mi posición podía casi sentir su cuerpo palpitando, su respiración me llegaba tan intensa que podría contar sus frecuencia, y todo ello había hecho que mi excitación ya fuera toda una evidencia. En ese momento ella me hizo un gesto para que me acercara. La verdad es que nunca me había fijado en su cuerpo. Era muy sensual, femenino, excitante y sus movimientos insinuantes lo hacían aún más apetecible.  La noche había pasado de una frialdad siberiana a un calorcito caribeño dentro de la habitación de mi compañera de piso. No podía dejar de mirar sus curvas, sus gestos, escuchar sus leves gemidos, y todo ello actuaba como una liviano ritual que me hacía acercarme lentamente. Mi ritmo sanguíneo se aceleró, mi cerebro sólo bombeaba intenciones deshonestas pero muy placenteras, ella me miraba, me guiaba con sus enormes ojos oscuros. Me pedía que me acercara, me susurraba con su boca, sin abrirla, que me aproximara. Sus gestos era más que explícitos. La tela de araña estaba echa y yo estaba en su centro.
.- Ven…..túmbate junto a mí. No tengas miedo.

En ese momento tenía de todo menos miedo, era un valiente sin raciocinio pero con mucha excitación. No pude resistir más y me acerqué a la cama. Ella se echó hacia atrás dejando ver a escasos centímetros de mi todos sus poros, su erizada piel, sus contoneos que marcaban los impulsos internos que iba sufriendo en lo más profundo de su sexo. El espectáculo era increíble. Una perfecta desconocida estaba sobre excitada mostrándomelo, compartiéndolo y exhibiéndose para mi deleite. Mi compañera de piso parecía ausente ante mi, no me buscaba con la mirada, no intentaba tocarme, era como si solo quisiera que le observara, que disfrutara con su elasticidad y espasmos centrífugos perfectamente reconocibles. Sus manos no subían de la línea imaginaria que marcaba su ombligo, sus codos hacían las veces de manos acariciando sus pechos, y sus manos dibujan movimientos que tecleaban una sinfonía de gemidos.
Apenas conocía a esta chica, la he visto poco en estas dos últimas semanas, casi ni hemos hablando y ahora estaba ahí viendo un festival unilateral de su excitación más íntima.
Era el momento de sumarme a la fiesta. No podía reprimir ya mi instinto sexual que me abrasaba por dentro. Necesitaba tocarla, saborearla, recorrerla con la yema de mis dedos de norte a sur y de este a oeste. Notaba su pálpito interno que me reclamaba. Ibamos acompasados, latíamos al unísono. Ella seguía ausente del resto pero muy centrada en sí misma, cada vez más acelerada. Por un momento me distraje, miré hacia a tele donde ya se veían los títulos de crédito. ¿Cuánto tiempo llevaba dentro de esta escena erótica festiva?
No pude resistir más, mis manos cobraron vida y se lanzaron hacia sus caderas que se encontraban en continuo vaivén. Pero antes de llegar a descubrir tierra, una mirada pícara a la vez de prohibitiva me indicaba que no lo hiciera. Comprendo. No puedo tocar, sólo mirar, y actuar como si no estuviera, como si mirara a través de un espejo secreto.
Mi gesto de incontinencia no hizo más que acelerar sus gemidos. Se sentía deseada, observada, seductora, devorada por mis cinco sentidos, incombustible a la hora de propagar su sensualidad.
Dibujaba una sonrisa leve pero definida, sus ojos entornados la trasladaban a muchos lugares que no era su habitación y mi presencia le elevaba a los altares para sentirse deseada.
Su respiración inició un ritmo cada vez mayor, sus gestos era cada vez más acelerados, sus gemidos más intensos. Se mordía los labios mientras yo miraba la escena con unos deseos incalculables de abalanzarme sobre ella. Mi compañera de piso estaba teniendo un orgasmo en mis narices, me había permitido ser espectador pero no actor, me había utilizado para aumentar su placer. Mi presencia la había sobre excitado, la había buscado, la había encontrado.
Era la primera vez en mi vida que me sucedía algo así. Había sido como ver una peli porno ante mis ojos y con una pantalla que me impedía tocar el objeto de mi deseo.
Después de unos segundos degustándose mi compañera de piso, entre las sábanas, recobró la compostura, se tapó y me dijo que se iba a la ducha…..Ah, y que muchas gracias por acudir a su llamada, que había sido muy excitante.
Ale!

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