Compañeros de piso

Hoy hablaremos de experiencias en pisos compartidos. Encuentros y desencuentros con compañeros de piso que acaban en donde empieza todo, en el sexo

Todos hemos vivido situaciones similares a la que le pasó a un amigo mio. Esos asuntos eróticos festivos que se producen en las habitaciones de los compañeros de piso.

Radiador Sueco

 

Noche desapacible en el piso. Hay ruidos en la calle, hace frío, la tele no funciona. Sólo me queda el móvil para comunicarme con el exterior, mi esperanza en versión reducida y táctil.
Bajaría a dar una vuelta a los bares de la plaza pero final de mes es tan desapacible en mi cartera como en la temperatura.
Chateo con amigos, envidia. Todos, incluida mi novia están disfrutando de una noche de jueves en mi ciudad. Qué suerte la suya, a saber…Maldito trabajo que me hace estar lejos de todo y de todos.
Para colmo la humedad de esta ciudad, que empiezo a detestar, me está calando hondo. La odio.
Imposible, no duermo. No me queda otra que salir en busca de algo caliente a la cocina para tomar e intentar relajarme un poco.

Para llegar a la cocina tenía que atravesar todo la casa, más frío. Cruzar el eterno pasillo, el salón y las habitaciones de mis compañeros de piso era algo poco apetecible pero si quería la leche caliente había que superarlo. Marcos no estaba, ya había marchado a su pueblo, el maldito huye cada jueves. Quien sí que estaba era la chica nueva, Carmen. Una niña pija que había llegado hacia sólo dos semanas al piso cargada con muchiiiiiiisimas cosas incluido un novio itinerante y músicoy al que no había visto aún, pero sí que se le oía cada noche a altas horas. Sigiloso a la entrada en la casa pero descarado a la hora de divertirse en la cama. Digo lo de músico porque las charangas nocturnas se hacían más que frecuentes cada noche…¡Vaya con la nueva compañera de piso!
Joder! Que frío está el suelo, y me quejaba yo de mi cama. Atravesé lo más rápido que pude el largo pasillo dirección a la cocina, pero mi sentido de felino callejero me alertó también de la serenata nocturna que salía de la habitación de Carmen, una vez más…gemidos varios, masculinos y femeninos, palabras soeces no muy nítidas en la entonación pero muy definitivas en la expresividad. Aunque esta noche la jarana sexual insaciable no me sonaba tan innecesaria, tan grotesca y molesta, sino más bien me sonaba morbosa y excitante. Ella no está mal, es una morena sureña de grandes proporciones, generosidad y rotundidad en su formas, pero sin perder la elegancia y firmeza.
Llegue a la cocina con una semiereción. Culpable. La noche era aburrida en todos los sentidos pero apenas a dos habitaciones de donde me encontraba buscando en la nevera, la fiesta estaba en todo lo alto.
Quise desconectar de ese morboso pensamiento, lo reconozco, y me centré en calentar el Cola Cao para llevármelo de vuelta a mi aburrida guarida.
Cuando salí de la cocina y enfilé el pasillo comprobé que la puerta de la habitación de mi Carmen estaba entreabierta. ¿Estarán haciendo un break sexual? ¿Habrán salido al baño? Continué caminando precavido y atento de lo que podía encontrarme por el pasillo oscuro. Avanzaba lento, curioso, excitado, inquieto pero sigiloso, aunque notaba mi respiración mas intensa a cada paso….cuanto más me acercaba, más se oían los gemidos, leves pero intensos, femeninos, excitados, húmedos. La “semierección” volvió sin preámbulos ni avisos. No pude evitar girar un poco la cabeza al paso por la puerta para comprobar por la rendija chivata que en la tele se veía una peli porno. ¡Joder! Una orgía en la que se distinguía una chica realizando felaciones a diestro y siniestro. Resulta que los gemidos procedían de la tele. Por cierto de semi ya nada. No pude resistirlo, mi riego sanguíneo se aceleraba, y con un mini paso y un nuevo ángulo pude cambiar la perspectiva para descubrir a mi compañera de piso sentada sobre la cama, excitada, ausente, y sola…..Estaba viendo la película ella sola, sin nadie con su orgasmo femenino. Su boca entreabierta, sus brazos marcando una x en dirección a su sexo que se tapaba con sus manos. No llevaba nada másque na blusa abierta, descarada, sorprendentemente bien situada para dibujar sus formas. Mi erección ya era mayúscula. La imagen me descolocó por un instante, el suficiente para delatarme hasta el punto que me dejé caer sobre la puerta entreabierta y esta se abrió lo justo como para ser descubierto…..

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