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Relaciones ‘chungas’

Pereza de hombres

KillBill

Después de unas semanas de ausencia, abducida por el maldito mundo real, vuelvo a enfundarme en el traje amarillo para lanzar un par de sablazos al viento. Lo sé, me vais a llamar de todo, pero este pequeño descanso me ha dado fuerzas para aguantar lo que venga.

Hoy vamos a ver cómo se construyen los amores chungos. Y cuando digo chungos me refiero a toda la gama: desde el tortazo limpio al chantaje emocional, desde las broncas hasta el maltrato emocional. O lo peor: chungos con aspecto de bonitas: tóxicas. Y lo voy a hacer a partir de una canción que estoy segura de que a la mayoría os encanta. Mmmm… es tan romántica…

Desenfudad vuestras espadas, queridas. Vamos a escuchar con oído crítico el temazo (ejem) Solo quiero, de ese grupazo (ejem) que es Pereza. Los chicos malotes de Pereza (tatoos, pendientes y sudor) se ponen romanticones “eres las cosita que yo más quiero”. Vale, hasta aquí pase. Pero en la primera estrofa la cosa ya se pone chunga con unas frases que enloquecen a la asistencia y que son la cumbre de la chunguería emocional:

Yo sólo quiero hacerte el amor

yo sólo quiero que me quieras como te quiero yo

sólo quiero que hoy me digas

que esta noche eres sólo mía

Esto, queridas y queridos, tiene un nombre: capitalismo emocional. Yo te quiero cinco, y “solo” quiero que me des cinco. Si me das cuatro, pollo al canto. Porque si yo te quiero cinco, inmediatamente exijo (¡exijo!) que tu me quieras otros cinco. Es decir, te doy para que me devuelvas. Y el simple hecho de que yo te dé, te obliga a devolverme. No te quiero porque mereces ser amada, sino que te quiero porque quiero que me quieras. Te quiero para que me quieras. El amor como pieza de cambio, como inversión. No como finalidad, sino como medio. Fijaos que la canción no explica en ningún momento que ella lo quiera en absoluto. Eso podría ser tranquilamente la flipada de un tío que se ha encoñado unilateralemente de alguien y que, solo por haberse encoñado, ya exige reciprocidad.

Amar, mal que nos pese, es un acto de libertad personal, no es un contrato, no genera obligaciones repentinas por parte de la otra persona. Eso, si acaso, son las relaciones que se establecen durante el amor. Pero amar, lo que se dice amar, es algo que te pasa a ti y que cruzas los dedos para que sea recíproco. Pero esa reciprocidad es deseable, no exigible. “Yo sólo quiero que me quieras como te quiero yo” dice el colega. Y le parece poca cosa. Seguimos:

Solo quiero que hoy me digas que esta noche eres solo mía

Follar, ladies & gentlemen, no es un acto de entrega: olvidaos de eso. A menos que lo vuestro sea la chunguería emocional. Follar, o lo que sea que propone esta canción de Pereza, es un acto de amor si os apetece, de diversión si lo preferís, incluso un acto deportivo en ocasiones. Pero darte, lo que se dice darte, no te das. Das placer, si acaso, y lo recibes si todo va bien. Pero ¿qué es esa manía de creer que por follar/hacer el amor con alguien te estás entregando? ¿Entregando qué y bajo qué condiciones?

La frase no es ninguna tontería: cada uno de nosotros y de nosotras (y esto va especialmente por nosotras) debería guardar la patria potestad sobre sí misma en cualquier circunstancia. Nada de entregas, darlings, nada de volveros propiedad del perezoso de turno. Amar no es eso, no puede serlo. Eso es comercio emocional y abandono peligroso… y así nos va.

Mantenerse propia y ser amada y deseada como tal es la base para que el amor sea fantástico, divertido, excitante, generoso, motivante y un sinfín de cosas más que no incluyen ningún adjetivo peligroso. Amar debería ser una cosa bonita, y follar ya ni os cuento. Cuando un tipo o una tipa en lugar de pediros orgasmos os piden entrega, ¡huid! Y Pereza mismo lo demuestra cuando unos versos más tarde ya anuncia:

Y tengo celos de cualquiera a veces el mundo no es más que un tiburón

Conocéis la situación, ¿verdad? Las parejas que ven fantasmas en todas partes, que como “solo” han pedido cositas tan “insignificantes” como entrega o te han exigido (¡exigido!) amor, se creen con derecho a defender su posesión a través del chantaje emocional (“es que lo paso tan mal cuando te veo tomando café con otro”) o del tortazo limpio.

¿Me estoy cargando el romanticismo? No. Porque el amor tiene un componente que los perezosos del mundo no han visto en su vida: el agradecimiento. Estar feliz de que la otra persona te corresponda, sentirte agradecido. Sin servilismos, pero sin arrogancias. Ese punto intermedio que nace de saber que la otra persona es libre o no de quererme, de la misma manera que yo también lo soy.

En fin, que estoy reivindicando que no cualquier cosa con aires románticos tiene que ponernos tiernas y “quedarse” con nosotras. Ojito con los lobos, que se las saben todas…

Un comentario el “Relaciones ‘chungas’

  1. […] la convicción de que cada letra de amor de una canción es un dardo envenenado como denúncias en tu última entrada. Pero bien, si quieres que juguemos a analizar contenidos estomacales de vísceras sentimentales, […]

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