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Pechos y Mujeres

El poder de los escotes

preliminares

El domingo pasado, yo recuperándome de los excesos post-traumáticos del sábado noche, recibí una llamada de uno de mis mejores amigos.

– Corre, pon telecinco, no te pierdas esto.
– ¿Pero qué pasa?
– Verás, verás, tú ponlo.

Así que cumplí órdenes. En el primer instante vi la cara del polemista- no podría definirlo de otro modo- Risto Mejide. No entendía nada. Pero no tardé en hacerlo. La alteración de mi amigo estaba totalmente justificada. Ante mí aparecieron dos inmesos pechos que aunque permanecían en segundo plano, traspasaban más allá de la pantalla. Desde luego que a Risto ya no le veía ante mi ojos como un polemista, sino como alguien que se interponía entre esa cordillera montañosa y yo. Sugerente, provocador, atrayente, así era ese escote que ofrecía unas dimensiones aumentadas con el HD de mi nuevo televisor. Me enteré por las redes sociales que esta mujer, sin rostro pero muy presente, es lo más comentado del programa. Y me pregunto yo… ¿Qué tienen los pechos para atraer a la mayoría de los hombres? Por delante vaya que yo siempre he sido más de la retaguardia, pero comprendo esa atracción.

Los hombres los admiramos, los imaginamos, los deseamos, los fantaseamos y, cuando hay suerte, los tocamos. En ocasiones, las mujeres muestran un poquito y nosotros nos ilusionamos con lo que no podemos ver. Pero hay otras veces en las que ellas nos invitan a entrar y no nos podemos creer la suerte que tenemos. Algunos dirán que es aquello del recuerdo natal, yo siempre he dicho que es más por la imaginación con “natal”. Desde luego que es un arma de mujer como puede ser el pelo, las pierrnas, el olor, la piel, -soy muy seguidor de la piel, por cierto-.

En la Universidad Victoria de Wellington, Nueva Zelanda, científicos descubrieron que el 47% de los hombres al conocer a una mujer, se fijan primero en los pechos, y también los miran durante más tiempo que cualquier otra parte del cuerpo.

Pero, ¿y vosotras qué? ¿No sois, en parte, culpables? Eso me decía anoche un amigo cuando le comentaba este artículo. Él me confesó que se sentía una víctima por estar expuesto a esa continua excitación sin poder, en la mayoría de las ocasiones, comprobar la mercancía. Lo considera un fraude. Me decía que era como si un rico fuera haciendo ostentación de su dinero por la calle, llevándolo pegado por todo el cuerpo para que todos lo vieran, pero nunca lo compartiera con nadie. Machismo asegurado y a eliminar. Y considero que el escote es un regalo divino y, sobre todo, una expresión de dos términos que defiendo: feminidad y libertad.

Las mujeres no piensan que seamos unos cerdos con este tema. Según una encuesta que encontré por internet, el 42% de las mujeres dijeron que cuando se daban cuenta de que un hombre les estaba mirando los pechos, les miraban fijamente a los ojos, a ver si captaban la indirecta. ¿Pero qué podemos hacer? El otro 34% pensó “que mire”, lógico. Lo cierto es que aún no he encontrado mujer que no se ofenda sí no la ofrendas. El 70% dan por hecho que la mayoría de los hombres miramos y “degustamos”sus pechos. Obviamente esto no significa que tengamos vía libre para quedarte mirando embobado o para hacer comentarios vulgares, aunque sea en broma. “Las mujeres se toman los comentarios muy en serio aunque se rían”, afirma Sara Churchill, fundadora de hiddenfeet.com, un grupo de apoyo online para mujeres con pechos grandes (no, no es broma).

Las mujeres nuevamente abrís una balconada a la realidad, pero no a la que nosotros queremos. Vuestros escotes, en ocasiones, parecen un escaparate que enseña una parte del muestrario, pero, eso sí, la que vosotras queréis mostrar. ¡Ah! Y no nos olvidemos de los pechos engañosos… Esas tetas que pretenden ser lo que no son, y luego ¡Ale! Sorpresa que te crió… Lo postizo no gusta, y tarde o temprano delata. En definitiva, los pechos grandes nos atraen, nos atrapan. Son una trampa para nuestros impulsos masculinos que muchas veces son incontrolables. Aunque, en parte, os “culpo” de la provocación. Pechos con formas, con personalidad, con delicadeza, con intensidad, pechos hambrientos y generosos. Que atrapan y que devoran… Los hay.

De momento hoy os quería plantear el tema del poder magnético de vuestros pechos para los hombres. Por cierto, desde hoy no me pierdo ni un programa de “tu sí que vales“.

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