Diario de un cabrón. Sexo 3G

Buenas vibraciones

Sexo3G

De Gina ya os he hablado en alguna ocasión. Es la única chica capaz de hacerme gozar de verdad ¿Por qué? Por los retos. Ayer quedamos en vernos (a escondidas, porque está con un chico de nuevo) en el after work de debajo de mi casa. Era la ocasión perfecta porque la coartada era insuperable. After work. Eso, a los novios, les tranquiliza porque saben que su chica va a descargar toda su ira con los compañeros de trabajo, va a beberse dos gin-tonics y va a llegar a casa con la mente reseteada y con ganas de hacer algo de forma lo más alegre posible. Con ganas de follar, vamos.

En el after work, ubicado en el centro, suelen juntarse los típicos pijos trajeados con los modernos que no saben cuál es el uso exacto de los zapatos. Entre unos y otros se encuentran las chicas, monas en su mayoría, que creen que tener un gin tonic en la mano les hace ser las dignas herederas de Anne Hathaway en el Upper East Side de New York. Y ahí, entre tacones mal llevados, estaba Gina. Melena morena larga, camiseta de los Stones, shorts vaqueros ajados y medias negras a juego con una cazadora del mismo color. Hoy tocaba la Gina rockera.

Mientras yo hablaba con un par de compañeros y ella hacía lo propio nos reunimos en la barra. Apenas eran las 20:36 de la tarde y alguno empezaba a retirarse. Ella volvió a pedir una cerveza y yo un whisky. Pagamos. Brindamos. Bebimos. Al cuarto de hora de intercambio de burradas sexuales al oído, cada uno volvió a su grupo. Fue entonces cuando empezó la conversación de whastapps.

– Estás muy follable hoy.

– Tú sí que estás de cine, nene.

– Tengo unas ganas de ir al baño que ni veo.

– Pues te vas a quedar con las ganas.

– ¿No te apetece?

– Sí, pero quiero que te corras sin tocarme.

– ¿Sin tocarte? Suena bien. Adelante…

El objetivo de Gina era que, entre la confusión y el tumulto, la conversación vía whatsapp fuera calentándose hasta tal punto de que el morbo de no haberse tocado y de la gente alrededor hiciera el resto. Por tanto, su meta no era otra que ambos nos corriésemos en público sin tocamientos de por medio y a través de whatsapp.

– Soy nuevo en esto de las nuevas tecnologías…

– Yo no, pero siempre me gusta probar cosas nuevas.

– Ahora querría quitarte esos shorts y ponerte contra la barra para besarte

– Yo, mientras, te agarraría la polla sin quitarte el pantalón para que empezaras a empalmarte.

– Me gusta…

– De paso, te susurraría al oído el poco placer que me da mi actual chico.

– Soy demasiado para él. Y para ti. Como amantes somos insuperables, pero como novios no funcionaríamos.

– Estaríamos todo el día follando, nos cansaríamos.

– Ahora te agarraría el culo, lo apretaría contra mi miembro empalmado y te acariciaría el cuello mientras te beso el lóbulo de la oreja.

– Sigue, nene… Empiezo a ponerme cachonda.

– Mientras tanto me irías sacando la polla y te irías abriendo para que te la metiera delante de toda esta gente.

– Mmmmm… Me gusta.

Mis colegas empezaban a cansarse de que no estuviera atento a la conversación y estuviera más pendiente del móvil que de ellos. Les dije que era un asunto familiar y disimulé. No por otra cosa, sino porque la situación me empezaba a dar tal morbo que los whatsapps surtían efecto en forma de erección notable.

– Me gustaría que me echaras encima esa botella que tienes en la barra, a tu derecha, mientras me follas virtualmente.

– ¿La de champagne? Hecho. Imagínate que ambos ya estamos follando encima de la barra, con todos mirando y bajo la atenta atención del dueño del bar mientras se toca al vernos.

– Más nene, dime más que estoy a punto de irme al baño a correrme.

– Te cogería del pelo mientras te pongo encima de mí. Te agarraría con fuerza mientras gritas para que me sientas mucho más. Te tocaría, te besaría, te susurraría… Gritarías.

– Una más, por favor, una más.

– Mi mano recorrería tus tetas hasta llegar al culo, te doblaría una pierna para que te entrara mejor y empujaría en vertical para que sintieras quién es el hombre que, de verdad, te da más placer.

– Voy al baño que no puedo más.

– Cuando llegues y te quites el short, antes de tocarte, avísame. Yo también voy.

El polvo virtual había dado sus frutos. La conversación había llegado hasta tal punto que ambos estábamos muy cerca de corrernos sin habernos tocado. Me tuve que poner la chaqueta delante de la entrepierna porque aquello ya se notaba. Gina ya estaba en el baño de mujeres y yo entré al de hombres.

– Ya estoy aquí, me estoy tocando, me falta muy poco. Haz el resto, pequeño.

– Ponte el móvil cerca de la “Zona Cero” y yo hago el resto.

Ella, extrañada, cogió el móvil y se lo acercó a su vagina. No entendía aquello pero le gustaba. De repente, y justo en el momento del contacto entre el aparato y la zona erógena, el móvil, gracias a una llamada mía, actuó de vibrador para que Gina acabara en orgasmo.

– Eres increíble.

Yo, mientras tanto, acabé mi trabajo manual como todo hombre suele hacer. Con la derecha. Fue un día extraño, raro, poco habitual, pero muy divertido que, sin embargo, va a ser irrepetible. Sexo psicológico. Y del bueno. Hasta el próximo jueves.

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