1 comentario

Diario de un cabrón. El rol

Siempre hubo clases

Principes

Murakami siempre me sirvió de inspiración a la hora de tratar a las mujeres. Cuanto más misterioso me pongo, más perdidas las veo. Y ojo, porque ponerse misterioso no es ponerse místico, nada de eso. Ayer salí con dos colegas y decidimos jugar a “los roles” (sin rima). El juego en cuestión consiste en que cada uno adoptamos una personalidad imaginaria que vamos desarrollando a lo largo de la noche con las chicas que nos encontremos. Fue gracioso.

Guille es un tío que tira a tímido pero al que le das dos copas y cambia de personalidad al instante. De alguien tranquilo y paciente pasa a ser alguien rabioso con hambre. Por tanto, un par de cocteles harían el resto. A Javi le volvió a dejar su novia por lo que iba a desarrollar el rol, fácil en su situación, de joven atormentado que se apoya en la barra buscando refugio emocional con cualquier chica. Yo desempeñé el “rol Murakami”, que para eso me inspira: misterioso, extraño y exótico. Precisamente en este último aspecto radicó el éxito.

Siempre he tenido la teoría de que el sexo opuesto valora siempre más lo que tiene lejos que lo que tiene cerca. Y a las pruebas me remito. Fuimos a cenar a un restaurante japonés. Los odio, pero había que hacer el sacrificio para meterse en el personaje. Cenamos tallarines y salmón con un buen vino nipón. Un poco entonados, y apenas a dos calles de distancia, nos metimos en el primer bar que encontramos. Al ir recomendados, Javi, Guille y yo apenas esperamos más de 30 segundos en la cola. Entramos gratis y nos metieron en un reservado en el que ya se encontraban varias víctimas de nuestro juego. Sin embargo… No todo empezó bien.

El estado de Javi por culpa de su ex era lamentable y se pasó con el vino japonés. Tuve que llevarle al baño para que se espabilara. De la que salíamos, marqué de cerca a un par de morenas con las que hasta que dejé a Javi con Guille, no pude entablar conversación. De inicio ambas se mostraron bordes, distantes y escépticas. Yo, que ya había adaptado mi “rol Murakami”, me había presentado como descendiente de japoneses y nacido en Buenos Aires. Una mezcla curiosa que rematé con un acento argentino que, todo hay que decirlo, se me da de fábula.

Al ver que las morenas no estaban muy por la labor, me acerqué a la barra donde estaban Guille y Javi y, a una distancia prudente, les dije sin mirarles a la cara: – Haced como que soy famoso y me pedís haceros una foto conmigo ¡Rápido! Guille lo captó a la primera y, como si de un fan se tratase, se me acercó por detrás e hizo el paripé de hablar con uno de sus ídolos. Yo, de forma muy cortés, le atendí siguiéndole el juego y nos hicimos una foto. El flash de la cámara del teléfono móvil llamó la atención de las dos morenas que, mientras yo seguía en la barra, se acercaron. Una de ellas tomó la palabra:

– Perdona, no nos habías dicho a qué te dedicas…

– ¿Yo? No me gusta mucho hablar de eso… Soy escritor.

La situación dio un vuelco radical y ambas empezaron a prestarse más predispuestas al sexo. Guille se fue a casa con una, Javi decidió retirarse por su mala situación etílica y yo me quedé un rato con la otra morena. Bailamos. Bebimos. Nos besamos. Pero ese momento sólo duró 10 minutos. Lo justo para que apareciese Gina (ver capítulo 1) e irme con ella. ¿La morena? Colgada. Que se joda.

Un comentario el “Diario de un cabrón. El rol

  1. Nunca había pensado en probar ese juego, tal vez funcione

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: