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Confesiones de una amantis religiosa

Menos lobos ‘caperucitos’

KillBill

Dejemos clara una cosa desde el principio: mil veces escucharéis a hombres heterosexuales aconsejándoos sobre cómo lidiar con los tíos. Nuestro querido Mr. Pepper es un buen ejemplo de ello. Pero, ¿os habéis parado a pensar en qué basan su conocimiento? Pues en su propia y unipersonal experiencia, y en los comentarios de bar de sus amigotes. Hombres que sacan conclusiones sobre la vida sexual de sus congéneres basándose en sus comentarios (en sus faroles) y que se montan, a partir de éstos, pajas mentales que influyen en su propia forma de follar. El cuento de nunca acabar.

Chicas, no les hagáis ni caso: quien realmente conoce sexual y emocionalmente a los hombres no son sus amigos sino sus amantes. En este caso, vosotras y yo, sin ir más lejos. Y, antes de que se me lancen los fantasmas a la yugular, aclaro que no solo ganamos en conocimiento cualitativo sino también cuantitativo: yo, que soy felizmente promiscua, tengo en un año más amantes que amigos tendrán muchos en toda su vida (no es mérito mío: es mucho más fácil de lograr un amante que un amigo).

¿Por qué nuestro conocimiento es más creíble que el de ellos? Porque, desgraciadamente, aún hay un abismo entre lo que explican los hombres y lo que realmente pasa cuando se bajan los pantalones.

Los tíos ya no son lo que eran, afortunadamente. Nuestros novios, amantes y amigos huelen bien, se cuidan y nos cuidan, dialogan, lloran de vez en cuando y nos cuentan sus penas y fracasos sin demasiadas reticencias. Pero, aún así, cuando llegamos al terreno del sexo hay algo que los devuelve a la bestia original: la masculinidad heterosexual sigue escondida en lo más profundo de los armarios y solo se deja ver si es aparentando otra cosa. En el bar, con sus colegas, no comparten dudas, miedos ni descubrimientos. O no explican nada, más allá del “me follé a tal” y ahí todos dan por hecha la secuencia morreo-tetas-felación-metesaca-corrida, o se concentran en los detalles obscenos, posiblemente despectivos hacia sus parejas sexuales y mayormente falsos.

Si se dejasen de ostias y hablasen más claro entre ellos, a los y las heteros nos iría mejor en la cama. Ellos serían menos fantasmas y sus amantes estaríamos más  sueltas.

Pero, chicas, sinceramente, yo no voy a esperar a que ellos cambien de actitud. Me encantan los hombres y voy a seguir follando con ellos. Eso sí: en mi cama mando yo.

Y no os dejéis engañar: les encanta. Les chifla follar con una mujer segura, sin complejos, que no espere de ellos cosas que no pueden dar, pero que tampoco admita ni un ápice menos de lo que sí pueden. Una mujer que, usando sus términos, “se los pase por la piedra”.

Por mucho que después, de regreso al bar, les digan a sus amigos “soy un cabrón, ¿sabéis a quién me he follado?” mientras se secan el sudor de la frente preguntándose: “joder, ¿habré estado a la altura”?

Así que, si queréis saber de sexo, buscaos amigas promiscuas e invitadlas a un café. Y la próxima vez que un tío os intente comer el coco, proponedle mejor otras partes de vuestro cuerpo: él tendrá la boca ocupada en cosas interesantes y vosotras, ¡a disfrutarlo!

K.B

12 comentarios el “Confesiones de una amantis religiosa

  1. con qué clase de hombre te codeas?

    me gusta como escribes! me pasaré por aquí a menudo…

    • Codearme no es exactamente lo que hago, BlackMouth… 😉 pero en cualquier caso no clasifico a las personas por “clases”…

  2. Pura sabiduría en cada línea que leo. Esta mujer debería ser presidente.

  3. por fin una mente bien amueblada por estos barrios! hay mucha verdad en sus palabras pero tambien se destila cierta superficialidad en sus relaciones, pero es una eleccion como cualquier otra. Personalmente prefiero pasear por lo sexual que hay en mi y provoco en los demas dandole el peso especifico que merece….dentro de una relacion… y estable; en una fugaz, el sexo es simple mecanica corporal (sin dudar de su vis ludica), y bastante vacio de contenido…..emocional. Y hasta aqui puedo leer (escribir), tendran que pagarme para más.

    • Gracias Javi. Mis relaciones sexuales pueden ser efímeras, que muchas lo son, pero no superficiales. Separar el sexo de todo lo demás no significa necesariamente cosificar a las personas, aunque es cierto que el tema da para mucho. A ver si me animo a hacerle un post y lo debatimos, ¿te hace?
      Un abrazo!

  4. Prometo entrar al trapo, digooo al debate cuando escribas ese post KB!!….y me encantaría tomarme un cafetito contigo y charlar, que yo soy una “medio” promíscua un poco atada todavía por ciertas ideas que estoy desempolvando del fondo del baúl (por aquello de cambiar unos polvos por otros…) y tirando a la basura.

    Sí, a mí también me gustan muchos los muebles que decoran tu azotea.

    • La combinación de ” aquellos polvos vendrán los próximos”. Considero q así se produce un nuevo despertar!
      ¿La promiscuidad es la acción de buscar lo desconocido ?

    • jjajaj! Hola Erica! Ahora veo tu mensaje. Ya ves que en este blog el que no corre, vuela, y Pepper ya ha tratado de barrer para su casa.
      Hacemos ese café, claro que sí!

  5. Buena pregunta, Gafas.
    Si la promiscuidad es la vía para adentrarse en lo desconocido supongo que es algo personal. Creo que para algunos de los que emprendan ese camino significa la búsqueda de algo a nivel personal, la necesitad de averigüar algo más de ell@s mism@, pero para otros quizás simplemente sea su manera más plenamente.
    La gente que no es muy sexual no entiende bien esa necesidad de los encuentros con otra piel, no conciben ese intercambio sino va acompañado de sentimientos.
    Otros pensamos, ¿porqué limitarme a esos períodos de mi vida en que tengo pareja?. Si soy una persona que no se enamora fácilmente no debería quedarme sin disfrutar de algo que me apasiona simplemente por seguir las reglas que la mayoría acepta como buenas.

    • Ahí te veo, Erica!
      Solo puntualizo una cosa: lo que cuentas sirve para las mujeres. Ellos siempre han tenido como un honor (y un privilegio) eso de ser promiscuos…

      • Bueno, el post ha sido escrito por una mujer, y desde el punto de vista de una mujer he escrito yo. Si lo de la promiscuidad estuviera igual de bien o mal visto para hombres y mujeres, nuestro querido Gafas no hubiera siqueira planteado la pregunta pues tod@s buscaríamos el mismo tipo de cosas.
        Desgraciadamente, las mujeres aún tenemos que “explicarnos” para la gran mayoría de la gente, pero yo sí pienso que hay hombres que piensan que no están bien los encuentros de sexo “furtivo”, fuera de las fronteras del terreno amoroso.
        Por otro lado, no han sido sólo los hombres los que sentían que era casi un honor ser promiscuo, sino que las mujeres eran (y aún muchas son) de la misma opinión.

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