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Estaciones de paso: El invierno

Para escuchar el relato clica aquí.

Ya no te quiero. Y  no sólo eso sino que ya he comprendido que me quiero más a mí mismo. Sí, lo he descubierto. Lo tenía oculto entre la maleza que provocaba tu maldad. Ahora lo tengo claro, ahora, por fin, soy el protagonista de mi propia vida. ¿ Y sabes una cosa? Tú no estarás en ella desde este momento. Me has dado… me has dado… ¡tú no me has dado nada! ¿ A quién quieres engañar? A mí ya no. Eres lo que no quiero. Eso es, lo que ya no quiero. Significas el pasado más anodino y despreciable de mi vida. Por eso he tomado esta decisión esta misma mañana. Y lo he hecho de la forma que se toman las decisiones importantes, pensándolas mucho sin saber que lo estás haciendo y expulsándolas el día que menos crees que puedes hacerlo.  Escucha bien porque estás fuera de mi vida, porque mi vida ya no pasa por tu estación.

Puff…qué bien me he quedado, qué relax, qué liberación. Y creía que no me iba a salir. Ni yo mismo apostaba por mí… Pero sí, ya sé lo que le quiero decir en cuanto llegue, en cuanto entre por la puerta. Esto mismo.

La tarde parece que acompañaba el momento. Desapacible , indecisa, temerosa ante un sol que aún quería reinar en los tardíos anocheceres de septiembre. Había elegido para el encuentro nuestra cafetería, la que había sido nuestra durante estos tres últimos años. Paisaje de innumerables discusiones, de interminables silencios infructuosos y confidente de alguna tarde de éxito sentimental. Aquí nos conocimos cuando ella era camarera y un día me preguntó qué quería tomar. Yo respondí sin pensar: a ti. Fue un gesto espontáneo, una de esas frases que en ocasiones crees que únicamente forman parte de tu diálogo interno. Y resulta que no, que vas y lo sueltas.

Ya entra por la puerta, ya está aquí. Camina decidida como si supiera la razón de la cita. Paso firme hacia el lugar elegido por mí para cometer el asesinato sentimental a esta agónica relación. El caso es que está guapa. Está muy guapa como siempre. Con ese aire de ‘aquí estoy yo y tu estás allí’. Porque con ella yo siempre estaba allí, lejos, y ella cerca, controlando. ¿No podía haber elegido otro vestido?¿Tenía que ponerse precisamente ese vestido gaseado naranja? Y con esos hombros que tanto me gustan al aire…. Qué lista es. Sabe que viene a la guerra y utiliza todo su arsenal de armas femeninas que siempre le han funcionado, que siempre le han valido para desmontar mi inestable ejército. Pero esta vez no le valdrán. Ya me sé el guión y esta batalla me hará vencer la guerra. El éxito es mío.

.- Hola, ¿cómo estás?- Bien, una frase para romper el hielo, ingeniosa-.

Un comentario el “Estaciones de paso: El invierno

  1. Y luego sonríe y mi ira se escapa.

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